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viernes, 5 de abril de 2013

FEMINISMO OBRERO Y FEMINISMO DE ÉLITE

LOS AVANCES SE NOTAN, PERO SÓLO EN LA CÚSPIDE





“¿El feminismo se ha centrado en las mujeres ricas y se ha olvidado del resto?”
La maternidad es el factor que determina en mayor medida el éxito de una carrera profesional. (Corbis)


Miguel Ayuso
Aunque haya habido grandes avances, la prometida igualdad entre hombres y mujeres sigue siendo una quimera en la mayor parte de las profesiones. En las sociedades occidentales la mujer ha conseguido equipararse al hombre en términos legales y culturales, pero aún sigue habiendo enormes diferencias el ámbito laboral y económico.
En los últimos cincuenta años, el feminismo ha presionado mucho para que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades y las mismas retribuciones en su puesto de trabajo. Gracias a esta presión, la brecha entre hombres y mujeres ha disminuido, pero sólo para algunas privilegiadas. Según un estudio que acaba de presentar elInstituto para la Investigación de Políticas Públicas de Reino Unido (IPPR), un think tank británico de tendencia progresista, la igualdad está avanzando sólo entre los profesionales de mayor nivel, pero no entre los trabajadores de menor cualificación.
Según pone de manifiesto el estudio británico, las diferencias entre mujeres de distinta cualificación laboral son significativamente mayores que las que existen entre hombres. Las mujeres con un título universitario que nacieron en 1958 ganan casi tres veces más (198%) que las mujeres con un trabajo no universitario de ese mismo año. La diferencia salarial entre los hombres del mismo año, y misma cualificación profesional, es de menos de la mitad: un 45%.


Feminismo de élite


     Para Dalia Ben-Galim, directora asociada del instituto que ha elaborado el estudio, podemos sacar una conclusión clara de estos datos: “El feminismo se ha centrado en las mujeres de alta cualificación, y ha dejado de lado al resto de mujeres”.En su opinión, los avances de las mujeres de la cúspide han ocultado la desigualdad presente en los estratos inferiores.

  ¿ El feminismo ha fracasado a la hora de promover la conciliación familiar y la igualdad de oportunidades? 
Durante un tiempo, explica Ben-Galim en la presentación del estudio, las políticas de igualdad se han preocupado sólo por romper el “techo de cristal”, la limitación invisible de las carreras profesionales de las mujeres, y sus esfuerzos han ido encaminados a promover la presencia de éstas en los consejos directivos de las grandes empresas. Mientras, el feminismo ha fracasado a la hora de promover la conciliación familiar y la igualdad de oportunidades.
Para Ben-Galim el enfoque de las políticas de igualdad no podía estar más equivocado: “El género sigue teniendo un fuerte impacto sobre las perspectivas salariales de las mujeres, pero la clase social, la educación y el entorno profesional tienen más peso a la hora de marcar su evolución profesional”.



La maternidad: el factor clave

     El estudio británico revela que la maternidad sigue siendo el factor más importante para determinar la evolución profesional de las mujeres. Los datos no dejan lugar a dudas: las mujeres que tienen hijos antes tienen una carrera laboral menos exitosa. Entre los hombres ocurre todo lo contrario, los padres de familia ganan más que sus compañeros sin hijos. 

    El IPPR ha pedido a las autoridades británicas que promuevan medidas para que los permisos de paternidad sean más progresivos, las guarderías sean más baratas y accesibles y se ofrezcan mejores trabajos a tiempo-parcial.


FEMINISMO Y MOVIMIENTO OBRERO







     Los movimientos feministas y sufragistas estuvieron dirigidos por mujeres de procedencia burguesa. A pesar de que los planteamientos feministas eran interclasistas, sus ideas no lograron penetrar ampliamente en los ambientes obreros. Ni feministas, ni sufragistas consiguieron nunca movilizar ampliamente a las mujeres trabajadoras.
Los propios ideólogos del primer movimiento obrero, en la primera mitad del siglo XIX, mantuvieron posturas contradictorias respecto a la igualdad de derechos de la mujer.


Flora Tristán (1803-1844), hija de un criollo peruano y una francesa, es la gran pionera del feminismo socialista.


“A vosotros, obreros que sois las víctimas de la desigualdad de hecho y de la injusticia, a vosotros os toca establecer al fin sobre la tierra el reino de la justicia y de la igualdad absoluta entre la mujer y el hombre. Dad un gran ejemplo al mundo (...) y mientras reclamáis la justicia para vosotros, demostrad que sois justos, equitativos; proclamad, vosotros, los hombres fuertes, los hombres de brazos desnudos, que reconocéis a la mujer como a vuestra igual, y que, a este título, le reconocéis un derecho igual a los beneficios de la unión universal de los obreros y obreras”.


Flora Tristán

La Unión Obrera

1843


Esta posición contrasta claramente con la misoginia de alguno de los primeros ideólogos del movimiento obrero como Ferdinand Lasalle (1825-1864) y, sobre todo, Pierre-Joseph Proudhon (1809-1864). Este último afirmaba claramente que una mujer igual al hombre significaría “el fin de la institución del matrimonio, la muerte del amor y la ruina de la raza humana”. El lugar ideal para la mujer era el hogar. Para Proudhon las cosas estaban claras: “no hay otra alternativa para las mujeres que la de ser amas de casa o prostitutas”.



Sin embargo, fueron Karl Marx (1818-1883), Friedrich Engels(1820-1895) y August Bebel (1840-1913) los que establecieron las bases del pensamiento socialista sobre la “cuestión de la mujer”.

                                                                  

Engels en su libro "El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado" (1884) equiparaba la dominación de clase con la dominación de la mujer por el hombre. Sin embargo, para él como para Marx, la emancipación de la mujer sólo se haría realidad tras una revolución socialista que liquidara el capitalismo. Por consecuencia, la lucha de las mujeres debía subordinarse, o como mucho ir unida, a la lucha de clases, ya que, de hecho, no había diferencia alguna de objetivos.
Para Marx y Engels, la igualdad política entre los sexos era una condición necesaria para la plena emancipación de la sociedad. Además, los fundadores del socialismo científico entendían que la base fundamental de la emancipación femenina era su independencia económica frente al hombre.


“La mujer es un ser libre e inteligente, y como tal, responsable de sus actos, lo mismo que el hombre; pues, si esto es así, lo necesario es ponerla en condiciones de libertad para que se desenvuelva según sus facultades. Ahora bien, si relegamos exclusivamente a la mujer a las funciones domésticas, es someterla, como hasta aquí, a la dependencia del hombre, y, por lo tanto, quitarle su libertad. ¿Qué medio hay para poner a la mujer en condiciones de libertad? No hay otro más que el trabajo”.

Congreso de la Federación Regional Española de la AIT

Zaragoza (1872)
Cit. NASH,M. (Ed.)
Més ennllà del silenci. Les dones à la història de Catalunya
Barcelona, 1988



Corresponde a August Bebel, dirigente socialista alemán, el mérito de ser el primer teórico marxista que escribió de una forma específica sobre la mujer en su libro La mujer y el socialismo (1879).



                                                                                                           


“La mujer de la nueva sociedad será plenamente independiente en lo social y lo económico, no estará sometida lo más mínimo a ninguna dominación ni explotación, se enfrentará al hombre como persona libre, igual y dueña de su destino”.

August Bebel
La mujer y el socialismo
1879

Hay que destacar, dentro de la socialdemocracia alemana, la figura de Clara Zetkin (1857-1933). Creadora del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, fue la gran propulsora del feminismo en la Segunda Internacional o Internacional Socialista. En 1907, se celebró, bajo sus auspicios, la I Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas. Esta organización llegó a agrupar 174.751 afiliadas en 1914.


                                                                             


Históricamente, el feminismo surge en conexión con la revolución burguesa. Pero, casi desde el principio, se encuentra ante el fenómeno de un naciente movimiento obrero. De hecho, los momentos de ascenso del movimiento obrero crean en gran medida las condiciones para que las mujeres empiecen a tomar la palabra. Hay que recordar que los primeros socialistas, como Fourier, ya se interesaron por la cuestión de la opresión que sufrían las mujeres. Hitos históricos, como el levantamiento de la Comuna de París, no sólo han visto irrumpir a las mujeres en las primeras filas de la lucha revolucionaria, sino que han dado figuras de la talla de Louise Michel, en muchos terrenos adelantada sobre el pensamiento progresista y emancipador de su época. La poderosa socialdemocracia alemana, a través de dirigentes como August Bebel y Clara Zetkin (como ya hemos visto), fue introduciendo la reivindicación feminista en la tradición de la izquierda. 
La revolución rusa constituyó un momento de liberación de las mujeres, y no sólo puntualmente. El Código de la Familia adoptado por la joven República soviética desde el año 1918 ya reconocía el divorcio, las parejas de hecho, y ponía fin a la secular autoridad del hombre al frente de la familia. Acto seguido, en 1920, vendrían la legalización del aborto, la instauración de la igualdad salarial y muchas otras conquistas...

En 1979, Heidi Hartmann, en aquella época una conocida feminista marxista americana, publicó un artículo con el título elocuente de "El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo". Unos años más tarde, la activista francesa Josette Trat publicó otro artículo con un título igualmente significativo: "Los desencuentros delfeminismo y el movimiento obrero". 

Efectivamente: la historia de las relaciones entre el feminismo y el movimiento obrero ha sido turbulenta y tempestuosa, una especie de relación pasional.




Textos extraidos de: El Confidencial,Feminismo y movimiento obreroMarxismo y feminismo
de: Sylviane Dahan / Revolta Global,  Juan Carlos Ocaña Aybar

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